Ciudades y pueblos

Ciudades imperiales coloridas, medinas laberínticas y pueblos recónditos desprenden la calidez de un patrimonio inmortal. La ocre Marrakech, la verde Fez, la azul Chauen o Chefchaouen, la azul blanca Essaouira, entre otras ciudades, y las tejas verdes de palacios y mezquitas bañan la vista con sus colores fogosos, e inundan la mente con la riqueza de su historia genuina. Las aldeas de Imlil, el valle de Ourika, el lago de Imilchil, el palmeral de Tinghir, el desierto de Agafay o de Merzuga y las cascadas de Ouzud, pueblos entre otros, presencian el potencial extraordinario de una naturaleza plural, emotiva y sensorial.

Entre ciudades y pueblos, Marruecos fusiona la historia y el cosmos en un molde paisajístico y humano vibrante y genuino. Así emerge Marruecos con su perla del sur, Marrakech, en el ranking del turismo internacional potenciado por estas cualidades visuales e inmateriales. Para recorrer algunos de estos espacios urbanos o rurales, se puede consultar el espacio “Itinerarios patrimoniales y selectas escapadas” de este contenido virtual.

En el medio de este panorama patrimonial, Marrakech emerge con su riqueza histórica, su situación estratégica y su belleza inigualable, siendo la ciudad de mayor afluencia turística en todo el país. Después de Travellers’ Choice®, que le premió en el año 2019 por ser el mejor noveno destino internacional, la revista londinense “Time Out”, la ascendió al podio el pasado año, por su potencial cultural, al séptimo puesto internacional entre cincuenta ciudades encuestadas.
Esta clasificación inédita, de la mayoría de l@s viajer@s que estuvieron en su medina, se debe a que esta ciudad luciente contiene un capital de riqueza cultural y paisajística que impresiona cualquier visitante, que desea repetir y volver a visitar más de una vez los espacios históricos y naturales de esta ciudad.
Ciudades y pueblos

Ciudades imperiales coloridas, medinas laberínticas y pueblos recónditos desprenden la calidez de un patrimonio inmortal. La ocre Marrakech, la verde Fez,
la azul Chauen o Chefchaouen, la azul blanca Essaouira, entre otras ciudades, y las tejas verdes de palacios y mezquitas bañan la vista con sus colores fogosos,
e inundan la mente con la riqueza de
su historia genuina. Las aldeas de Imlil,
el valle de Ourika, el lago de Imilchil,
el palmeral de Tinghir, el desierto de Agafay o de Merzuga y las cascadas de Ouzud, pueblos entre otros, presencian el potencial extraordinario de una naturaleza plural, emotiva y sensorial.

Entre ciudades y pueblos, Marruecos fusiona la historia y el cosmos en
un molde paisajístico y humano, vibrante y genuino. Así emerge Marruecos con
su perla del sur, Marrakech, en el ranking del turismo internacional potenciado por estas cualidades visuales e inmateriales. Para recorrer algunos de estos espacios urbanos o rurales,
se puede consultar el espacio “Itinerarios patrimoniales y selectas escapadas” de este contenido virtual.

En el medio de este panorama patrimonial, Marrakech emerge con su riqueza histórica, su situación estratégica y su belleza inigualable, siendo la ciudad de mayor afluencia turística en todo el país. Después de Travellers’ Choice®, que le premió en
el año 2019 por ser el mejor noveno destino internacional, la revista londinense “Time Out”, la ascendió al podio el pasado año, por su potencial cultural, al séptimo puesto internacional entre cincuenta ciudades encuestadas.
Esta clasificación inédita, de la mayoría de l@s viajer@s que estuvieron en su medina, se debe a que esta ciudad luciente contiene un capital de riqueza cultural y paisajística que impresiona cualquier visitante, que desea repetir y volver a visitar más de
una vez los espacios históricos y naturales de esta ciudad.


